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Ecuador de la estancia: adecuación a los colegios e inicio de proyectos

  • 10 oct 2017
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 25 abr 2023

Después de la llegada y las primeras semanas de aclimatación y al impacto cultural, ya sea comenzar a conocer la gran variedad de palabras nuevas para cosas cotidianas o la nueva comida, horarios y formas de ver la vida en general, comenzamos a trabajar en nuestros respectivos proyectos en los colegios que nos fueron asignando. Cabe resaltar que aquí también tuvimos que, como puede resultar natural, tomar contacto con los niños y niñas de los diferentes colegios que tiene la institución por toda la ciudad, así como tratar que nos vieran como “amigos” para intentar salir un poco de la visión autoritaria y rígida que se tiene de la mayoría de los profesores (así como intentar lograr que estos nos vieran como compañeros con los que trabajar). Esta intención venia dada por las tareas que íbamos a llevar a cabo con los alumnos y alumnas: talleres de lectura con actividades basadas en los títulos leídos y charlas orientativas con los alumnos que creyeran necesitar consejo fuera del ámbito del profesorado o familiar y/o tratar de intervenir socialmente en las situaciones que se pudiera y nos permitieran.


Como resultaba casi lógico deducir y teníamos pensado desde un principio, las actividades de lectura y posteriores tuvieron mucha mejor acogida entre los alumnos de primaria que los de secundaria, mientras que el “consultorio” tuvo mucha mejor acogida entre los adolescentes, ya que muchas preguntas, debido al carácter conservador y católico de la institución no se atrevía a preguntar, tales como temática sobre sexo, drogas, amoríos, pandillas…, sobre esta última se detectó un problema creciente en ciertos barrios de la que los profesores nos había advertido, pero sobre la cual era bastante difícil intervenir.


Por otra parte, a estas alturas del voluntariado, ya conocíamos medianamente bien la ciudad y conocimos a bastantes personas de allí con las que nos llevábamos bastante bien, por lo que ya decidimos que era momento de salir de allí y comenzar a conocer algo más de Perú, por lo que comenzamos a viajar, siendo nuestro primer destino la ciudad de Puno, dónde se encuentra el lago Titicaca. Una vez allí, pasamos 3 días entre el lago y la ciudad, conociendo un par de islas del propio lago y conviviendo con las familias que allí habitan. Esta experiencia nos llevó a transmitir ciertos sentimientos contradictorios, ya que se veía claramente la atracción turística en que se había convertido estas familias que viven en las islas y su modo de vida, así como el lado positivo que había traído este turismo para hacer que gran parte de las familias habitantes de las islas dejase de depender principalmente de la agricultura, para recibir unos importantes ingresos extra a través del turismo, pero también se puede ver la parte en la que su cultura y forma de vida se convierten casi que en un circo al servicio del turista, recibiendo cada día a cientos de éstos.


De cualquier modo, es una gran experiencia que quizás nos hubiese gustado vivir de otro modo, pero que sin embargo no deja indiferente a nadie sea del modo que sea.


Mercado de Puno.

Isla de los Uros. Nelson y su familia, vendiendo productos textiles a los turistas que les visitan.


Fiesta para los turistas en la isla de Amantaní (Tititaca), todos vestidos con trajes regionales de la zona.


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