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Diario de una Mzungu: ‘’Tanzania, Nakupenda kwa moyo wote’’

  • 11 nov 2019
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 26 abr 2023

Seis horas de metro, tres aviones y un Dala Dala para llegar a mi destino, Moshi, una ciudad del norte de Tanzania, donde sin yo saberlo iba a comenzar una de las experiencias más enriquecedoras de mi vida.


Antes de seguir me presento, mi nombre es Carmen, soy alumna de la UGR y actualmente estoy cursando sexto de Medicina. Durante estos dos meses de Julio y agosto, he tenido la oportunidad de colaborar en una organización llamada TATU Project, que contribuye al desarrollo sostenible y equitativo de la comunidad de Msitu wa Tembo, en concreto trabajando en un programa de salud llamado AFYA (Salud en Swajili). Este último a su vez se divide en 4 subprogramas donde mis compañeros de trabajo y yo hemos participado:


Kucheza ni Afya, donde promovemos la salud mediante el deporte en los colegios de primaria y secundaria.

Home Base Cares (HBC), un grupo de voluntarias que proporcionan cuidados básicos de atención primaria en los domicilios.


Caravanas Médicas, dando atención sanitaria gratuita a los miembros de la comunidad. Esta se realiza dos veces al año y por suerte, gracias a la fecha en la que hemos ido, una de ellas la hemos podido organizar nosotros.


Community Health Workers (CHW), un grupo de mujeres voluntarias que imparten seminarios de higiene y prevención de muchas enfermedades prevenibles en las distintas comunidades y colegios. Es este subprograma en el que yo me he visto más involucrada.


Tengo que admitir que mi primera semana no fue especialmente fácil. Sobre todo, la barrera del idioma ha sido lo que más me ha costado superar. No tanto el inglés, para trabajar con el resto de voluntarios (que también necesité mi tiempo para adaptarme, pues nunca antes había tratado temas de salud en un idioma distinto al mío) sino el idioma local, el Swajili. Por ejemplo, una de mis tareas era impartir clases de salud a las CHW para que posteriormente ellas fueran las que impartiesen los seminarios. La dificultad estaba en que ellas, como el resto de personas en comunidad, hablaban sólo el swajili. Como decía, esto al principio suponía una dificultad para mí, pero con el paso de los días mi miedo desapareció ya que Erick, nuestro manager del terreno, siempre estaba conmigo para ayudarme a dar las clases y me traducía del inglés al swajili todo lo que yo les quería decir.


Una de las cosas que más me motivaban en mi día a día, era ver el esfuerzo e interés que tienen las mujeres en aprender durante las clases, la fuerza con la que imparten los seminarios y las ganas de ayudar a los suyos mediante la enseñanza. Especialmente me encantaba ir a los colegios, donde he disfrutado muchísimo con todos y cada uno de los niños y profesores, era imposible no acabar el día con sensación de felicidad plena y una sonrisa de oreja a oreja por toda la energía positiva que te transmiten los niños.

He de decir que no todo ha sido trabajo, pues al finalizar el día y sobre todo los fines de semanas, hemos aprovechado al máximo para viajar y visitar todos los rincones maravillosos que tiene Tanzania. En todos los sitios a los que hemos ido, me he sentido acogida por todo el mundo. A pesar de no hablar el mismo idioma, hacen por entenderte y ayudarte en todo lo que pueden y más.


Otra cosa que me encanta es que llevan un ritmo de vida mucho más tranquilo y a mi parecer, mucho más sano. Recuerdo que los primeros días, nos extrañaba e incluso nos enfadaba cuando los demás no eran puntuales. Con el paso de los días, me adapté e incluso a día de hoy es algo que he adquirido en mi día a día, tomarme las cosas con más tranquilidad hace que al final disfrute más de lo que tengo a mi alrededor y que todo me salga mejor. En general me he sentido cómoda con el modo de vida, el transporte, la comida, la gente y su personalidad… volvería una y mil veces.


Se me hace muy difícil describir todo lo que he llegado a sentir estos dos meses, pues creedme si os digo que ha sido una mezcla de sensaciones, en un periodo de tiempo tan corto, que ni yo misma llegaba a entender muchas veces. De lo que no tengo dudas, es que esta experiencia no hubiese sido lo mismo sin mis compañeros de trabajo y viaje: David, Anabel, Sandra, Laura, Erick y Iago. Ellos han sido mi apoyo moral en todo momento, me han ayudado en todo lo que he necesitado, con ellos he llorado y reído a la vez, he aprendido, he vivido experiencias irrepetibles, me han hecho enamorarme, valorar más y recordar el motivo por el cuál empecé y continuaré mis estudios.


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