Mi experiencia como voluntaria en Comunidad Inti Wara Yassi, Bolivia
- 11 nov 2019
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 26 abr 2023
El proyecto que escogí fue “Rehabilitación de la vida silvestre en Bolivia” con la Comunidad Inti Wara Yassi con sede en el santuario Machía, Villa Tunari (Cochabamba); donde se trabaja con fauna silvestre rescatada del tráfico ilegal, del maltrato y de la destrucción de su hábitat por las actividades humanas. El refugio tiene diferentes áreas donde se trabajan con diferentes tipos de animales (coatíes, aves, monos araña, monos capuchinos...), de los cuales yo elegí trabajar con monos capuchinos en cautividad.
Sinceramente escogí estos animales porque desde que vi la película de “Instinto”, en donde un antropólogo hace una inmersión en la jungla y convive con primates, quise trabajar con monos de alguna forma. La experiencia, como es natural, fue muy diferente a la de la película pero eso no quita que aprendiera muchísimo sobre la problemática que realmente sufren estos animales con el tráfico ilegal y la trata, donde son criados como mascotas y luego abandonados o utilizados como divertimento en el circo o en los zoos.
La duración del voluntariado fue de un mes en total, donde las dos primeras semanas fueron las más duras ya que llegúe a mediados de septiembre que es cuando empiezan las altas temperaturas y tormentas tropicales y tuve que acostumbrarme a trabajar duro a 45º pero poco a poco me fui adaptando y acostumbrando al clima. El trabajo consistía sobretodo en mantener limpia la zona donde estaban los animales, que en mi caso, al trabajar con monos en cautividad, era el correcto mantenimiento de las jaulas, preparar y dar enriquecimientos, preparación de alimentos y sobretodo dar todo el cariño y paciencia que estos animales tanto necesitan.
La adaptación no es solo por parte de la persona ya que los animales se tienen que adaptar también a ti y a tu presencia, por eso, con el paso de los días me iba dando cuenta que me iban reconociendo y se iban sintiendo más cómodos conmigo y por supuesto, este sentimiento fue mutuo. Hay que tener muy claro el verdadero objetivo del voluntariado, ya que es un trabajo duro en un lugar diferente con condiciones a veces adversas a las que no estamos acostumbrados y como he dicho antes no todo es como aparece en la películas. Pero cuando sabes porqué lo haces y todo lo que estás ayudando a mejorar la vida de esos animales que han sufrido tanto, es realmente gratificante. A la tercera semana dominaba perfectamente las tareas, me adapté al clima y reconocía todas las caras de los monos, me fundí absolutamente con el ambiente. Por eso, cuando tuve que partir fue un sentimiento bastante agridulce...ya que le había cogido mucho cariño y amor a los monos pero a la vez sabía que había aportado mi grano de arena a mejorar la vida de estos animales y que de alguna forma parte de mí se quedaba allí.

Aparte de la experiencia con los monos, también tuve la oportunidad de conocer otros escenarios que me brindaba el país...su cultura, sus costumbres, sus paisajes espectaculares, su gente. Uno de los días tuvimos la oportunidad de hacer un teatro en un colegio de la zona, donde nos disfrazamos de animales que normalmente se pueden encontrar allí y se dio una charla sobre la importancia del cuidado de su hábitat y concienciación ambiental.
Suena típico escuchar que es una experiencia increible y que pocas veces se vive esto, pero es que realmente lo es. Nunca olvidaré el trabajo que desempeñé en el refugio, lo que me ha cambiado pudiendo descubrir mis límites y aptitudes, ni tampoco olvidaré las cáscaras de plátano que me lanzaban algunos monos en la cabeza y lo que no eran cáscaras de plátano he de añadir...pero eso se queda como anécdota.



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